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➡️#39 – Ninguna inversión se deja a la intuición ****por Rosvy Navarro

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Ninguna inversión se deja a la intuición

Hellow!!! El tema de hoy va desde mi purito aprendizaje. Una lección que tenía que pasarme para que se ampliara mi mentalidad, para que evolucionara mi perspectiva en los negocios y, sobre todo, para que yo creciera. Yo emprendo desde que tengo uso de razón…

Desde muy niña me encantó hacer negocios. Capaz en ese entonces no lo sabía, pero los negocios estaban en mi día a día. No recuerdo con exactitud cuál fue el primero: si el de alquilar mis patines a mis vecinos de la zona, cortarle el pelo a una primita o vender chups con mi abuelito. Han sido tantos que, la verdad, me es complejo acordarme con exactitud de cuál fue el primero. Lo cierto es que cada uno de ellos ha sido un gran aprendizaje. Y no es cliché, ah… realmente lo fueron. Cada uno tuvo su crisis… y también tuvo su levante. Actualmente tengo 32 años. Pongámosle que empecé a los 5. Tengo un aproximado de 27 años haciendo negocios y no es hasta hace muy poco que aprendí, probablemente, una de las reglas más importantes del business:

Ninguna inversión se deja a la suerte. Y mucho menos, únicamente a la intuición.

Me encantaría decirte que el aprendizaje no duele o que llega en cajita feliz…

Sorry not sorry. No es así.

Entender que no se pueden dejar las inversiones al azar me hizo vivir un proceso muy duro, pero hoy por hoy estoy segura de que fue necesario.


¿Y cómo llegué a esta conclusión?

Hacer un negocio o invertir en algo sin un plan o argumentos sólidos es como meterte a jugar a la ruleta rusa sin saber qué número va a ganar.

Y con mucho pesar debo confesar que durante muchos años invertí por intuición.

Sin darme cuenta de que, al hacerlo, estaba dejando demasiado del resultado a la suerte.

En todo este camino del emprendimiento, de hacer negocio y hacer empresa, se puso en juego mucho dinero.

Mucho no volvió, a decir verdad.

Y de todas las inversiones que hice, de 10, en 1 o 2 la atiné.

Hoy lo veo con mucha más claridad: No era que tuviera mala suerte, eso jamás. Soy una convencida que cada uno hace su suerte!